Promoción de buenos vivires como práctica de cuidado para la salud mental

Los buenos vivires son como una gran red que acompaña a cuidar la vida. ¡En esa red estamos todos! Las niñas, niños, adolescentes, la familia, la comunidad, la escuela, la cultura, el territorio, su historia, la memoria, y la naturaleza. Todas esas potencias se conectan y, cuando funcionan juntas, ayudan a que niñas, niños y adolescentes se sientan acompañados, seguros y con ganas de seguir creciendo. Cuidar de la salud mental también es un actuar cotidiano: en los abrazos, las palabras, el juego, la confianza y el respeto por lo que cada persona y cada comunidad son.

Para nosotros la salud mental es como un jardín que se cuida entre todos. Si solo vemos lo que está mal, como una planta enferma, nos perdemos todo lo que ya ayuda a que crezca: el agua, la tierra, el sol, el aire y las manos que la riegan. Así mismo, cuidar la salud mental no solo se logra asistiendo a espacios clínicos, necesita como primera tarea fortalecer las potencias, saberes y relaciones que protege la vida en los territorios: los vínculos, la identidad, la escucha, el apoyo mutuo y las formas propias de vivir bien en cada contexto.

Por eso, los buenos vivires no quieren reemplazar la atención clínica en salud mental cuando hace falta, sino recordar que el cuidado también nace en la comunidad que practica los buenos vivires y promueve acciones que fortalecen la armonía emocional de las niñas, niños y adolescentes. La idea es que cada persona y cada grupo pueda reconocer sus propias formas de cuidarse, como si tuviera un mapa de caminos para volver a sentirse bien. A eso le llamamos también soberanía del cuidado: que las niñas, niños y adolescentes, las familias y sus comunidades puedan decidir, junto con las instituciones, cómo quieren cuidar su vida y su salud mental tejiéndose desde sus saberes y su cultura.

En este camino, cosas como los tendederos de la salud mental, los boticarios de los buenos vivires, los juegos, el arte, la música, el teatro y el contacto con la naturaleza funcionan como conectores de vida que busca fortalecer el cuidado de la vida. Así, la salud mental se entiende como un tejerse y destejerse en una vida cotidiana, compartida, donde cada gesto de cuidado ayuda a que la vida siga creciendo con más sentido, más calma y más esperanza.

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Promoción de buenos vivires como práctica de cuidado para la salud mental

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Cuidar la salud mental no se trata solo de ir al psicólogo o la psicóloga, ni de prestarle atención únicamente cuando sentimos que algo no está bien. También tiene que ver con lo que pasa todos los días: en cómo pensamos, en lo que sentimos, en las personas con las que compartimos y en la manera en que habitamos los lugares donde vivimos.

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Hablar de los “buenos vivires” en la convivencia escolar no es simplemente un tema de moda ni una expresión bonita: es una necesidad profunda en la formación de seres humanos capaces de vivir en comunidad