Por: Dayan Estefany Camargo García
Un entorno protector es un espacio donde las personas se sienten seguras, valoradas y respetadas. Es un lugar donde prevalece el bienestar de cada integrante, se escuchan las opiniones y se acompañan las emociones. Para las niñas, niños y adolescentes, contar con entornos protectores es fundamental para su crecimiento, aprendizaje y desarrollo.
La familia es uno de los primeros y más importantes entornos protectores porque allí transcurre el día a día y se construyen las bases del cuidado, el respeto y la confianza. Es en la familia en donde aprendemos a relacionarnos con otras personas, a identificar y expresar nuestras emociones, y a conocer y respetar algunas normas.
De esta manera, la familia debe ser para las niñas, niños y adolescentes un espacio seguro para expresar lo que piensan y crecer sin miedo. Cuando padres, madres, abuelas, abuelos, hermanos, hermanas, tías, primos, entre otros, escuchan con atención, orientan con paciencia y enseñan con el ejemplo, participan en la construcción de generaciones para la paz.
Para fortalecer este papel protector, las familias pueden realizar pequeñas acciones cotidianas que promuevan el cuidado y el buen trato. Algunas de ellas son:
- Escuchar con atención: permitir que niñas, niños y adolescentes expresen lo que sienten y piensan.
- Hablar con respeto: usar palabras amables incluso cuando hay desacuerdos.
- Compartir tiempo en familia: conversar, jugar o realizar actividades juntos fortalece la confianza.
- Enseñar con el ejemplo: mostrar cómo resolver los conflictos sin gritos ni agresiones.
- Reconocer las emociones: ayudar a identificar la tristeza, el enojo o la alegría y hablar sobre ellas.
- Buscar apoyo cuando sea necesario: si una situación es difícil, es importante pedir ayuda a personas de confianza o a instituciones que puedan orientar.
No debemos olvidar que en las familias pueden aparecer desacuerdos o situaciones que exigen reorganizar la vida diaria. También hay momentos que despiertan miedo, tristeza o incertidumbre; son experiencias que, aunque difíciles, forman parte de la vida.
Aun así, para seguir siendo un entorno protector para niñas, niños y adolescentes, es importante que las familias busquen alternativas para resolver los conflictos sin recurrir a la violencia y procuren siempre el bienestar de todos sus integrantes.
Cuando una niña, niño o adolescente siente miedo, tristeza o vive situaciones que le hacen daño en su hogar o en su familia, es importante que sepa que no está sola o solo y que puede buscar ayuda. Hablar con alguien de confianza y pedir apoyo es un paso valiente para protegerse.
Todas y todos podemos contribuir a construir una red de cuidado que garantice que cada niña, niño y adolescente crezca en entornos seguros, donde el respeto, el buen trato y la protección sean siempre la prioridad.
Y tú, ¿Qué otros entornos protectores reconoces en tu comunidad?