Conectando con la vida: Tejiendo los hilos que nos cuidan

Conectando con la vida: Tejiendo los hilos que nos cuidan

Cuidar la salud mental no se trata solo de ir al psicólogo o la psicóloga, ni de prestarle atención únicamente cuando sentimos que algo no está bien. También tiene que ver con lo que pasa todos los días: en cómo pensamos, en lo que sentimos, en las personas con las que compartimos y en la manera en que habitamos los lugares donde vivimos.

Desde la estrategia Conectando con la vida, entendemos que la salud mental se teje como una red, como un tejido hecho de muchos hilos: nuestras emociones, nuestras amistades, nuestras familias, lo que comemos, lo que soñamos y el lugar donde vivimos.

A esos hilos los llamamos conectores de vida. Son siete, y todos están presentes en nuestra vida cotidiana. A veces ni los notamos, pero están ahí, sosteniendo cómo nos sentimos.

El pensamiento: el hilo con el que te hablas.

Empieza por algo sencillo: ¿qué te dices a ti mismo o a ti misma durante el día?

Ese diálogo interno es un hilo clave en tu tejido. A veces puede enredarse con ideas duras o exigentes, pero también puedes irlo acomodando.

Puedes probar algo pequeño: cambiar una frase, darte una pausa, reconocer algo que sí hiciste bien. Ese es el pensamiento entrando al tejido como un hilo que también se puede cuidar.

Las emociones: el hilo que se mueve contigo.

Las emociones no son algo que haya que esconder o arreglar rápido. Más bien, son como hilos que cambian de color según lo que estás viviendo. A veces son suaves, otras veces intensos.

¿Qué pasa si en lugar de evitar las emociones, las reconoces? ¿Dónde sientes la alegría? ¿Cómo se siente la tristeza?

Nombrarlas, compartirlas o darles un espacio es una forma de tejer con ellas, no contra ellas.

El vínculo: los hilos que te conectan con otras personas

Tu tejido no se hace solo. Está lleno de otros hilos: las personas con las que hablas, con quienes te ríes, con quienes te sientes en confianza.

Puedes preguntarte: ¿con quién me siento bien?, ¿a quién podría buscar hoy?, ¿a quién también puedo cuidar?

Cada encuentro, por pequeño que parezca, fortalece ese tejido.

El cuerpo y el movimiento: el hilo que se activa.

El cuerpo también hace parte de este tejido. Cuando te mueves, algo cambia: respiras distinto, te liberas, te ordenas un poco por dentro.

No tiene que ser algo planeado. Puede ser bailar una canción, caminar un rato, estirarte o jugar.

Mover el cuerpo es otra forma de cuidar lo que sientes.

El alimento: el hilo que te sostiene.

A veces este conector pasa desapercibido. Pero lo que comes, cómo comes y con quién comes también hace parte de tu bienestar.

¿Disfrutaste lo que comiste hoy? ¿Compartiste un momento con alguien?

Alimentarte no es solo una rutina, es también una forma de sostenerte.

El territorio: el hilo del lugar que habitas.

Piensa en los lugares donde pasas tu tiempo: tu casa, tu barrio, el parque, el colegio. Ese entorno también es parte de tu tejido.

¿Qué lugar te hace sentir tranquilo o tranquila? ¿Dónde te gusta estar?

Reconocer esos espacios, habitarlos y cuidarlos también fortalece cómo te sientes.

El propósito: el hilo que te impulsa.

Este hilo tiene que ver con lo que te mueve. No tiene que ser algo grande. Puede ser algo pequeño que te dé ganas de seguir: aprender algo, hacer algo que disfrutas, tener un plan.

¿Qué te da energía en estos días? ¿Qué te gustaría intentar?

Ese impulso también es parte de tu tejido.

Tejer es algo que pasa todos los días, ninguno de estos hilos funciona por separado. Se cruzan, se mezclan, se sostienen entre sí.

Cuando hablas con alguien, también estás sintiendo; cuando te mueves, también estás transitando tus emociones; cuando haces algo que te gusta, estás construyendo propósito.

Además, en tu comunidad hay muchos hilos disponibles: espacios, personas, actividades, iniciativas que ya existen y que pueden ayudarte a fortalecer este tejido de cuidado.

Te queremos hacer una invitación…

A mirar tu día a día y preguntarte: ¿qué hilos están más fuertes hoy? ¿cuáles necesitan un poco más de cuidado?

Porque cuidar la salud mental no empieza cuando todo está mal, empieza justo cuando reconoces tu propio tejido y cuando sigues tejiéndolo, poco a poco, en lo cotidiano, en el día a día.

Al final, son esos hilos los que nos cuidan y sostienen.