A Sofi le gustaba jugar en el celular después de hacer tareas. Un día, mientras jugaba, le llegó un mensaje: “Hola, juegas muy bien. ¿Quieres ser mi amiga?”
Sofi dudó. No conocía a esa persona. Pero parecía amable. Empezaron a hablar.
Al principio todo era normal: preguntas sobre el juego, emojis, risas. Después, la conversación cambió.
“Te puedo ayudar a ganar dinero fácil” “Eres muy bonita, ¿me mandas una foto?” “Pero no le cuentes a nadie, es nuestro secreto”
Sofi sintió algo raro en el estómago. No sabía bien por qué… pero no se sentía bien, entonces recordó algo que había escuchado:
“Si algo te incomoda, si te piden guardar secretos o te ofrecen cosas a cambio de algo… cuéntaselo a alguien de confianza”.
Sofi cerró el chat. Fue donde su tía y le dijo: “me pasó algo… y no me gusta”.
Su tía la escuchó. No la regañó. No la ignoró. Le dijo: “hiciste lo correcto”. Juntas buscaron ayuda.
Lo que Sofi no sabía era que esa persona no era quien decía ser. Que ese tipo de mensajes pueden ser una forma de engañar a niñas, niños y adolescentes. Que así empiezan muchos riesgos como la trata de personas o la explotación sexual comercial.
Pero Sofi sí hizo algo muy importante: ¡¡¡habló!!! ¡¡¡Y eso cambió todo!!!
Hay mensajes que no suenan bien. Hay secretos que no deben guardarse. Hay ofertas que no son lo que parecen.
Si eres niña, niño o adolescente: confía en lo que sientes. Si algo te incomoda, cuéntalo.
Si eres adulto: escucha, cree y acompaña.
En la estrategia #VocesQuePrevienen sabemos que prevenir no siempre es decir grandes discursos. A veces es algo más sencillo… pero más poderoso: una conversación a tiempo. ¡Porque las voces que previenen son las que se atreven a hablar, dialogar, denunciar!