Valeria aprendió a pedir ayuda

Valeria aprendió a pedir ayuda

Ricardo Soto Galindo (Enfoque Migrante)

Valeria tenía 16 años y había llegado a Colombia junto con su mamá después de migrar desde otro país. Aunque extrañaba muchas cosas de su hogar, poco a poco estaba construyendo una nueva vida, haciendo amistades y adaptándose a su nueva escuela.

Unos meses después, comenzó a tener una relación con un joven llamado Andrés. Al principio, él era amable y atento. Sin embargo, con el tiempo empezó a insistir en que Valeria hiciera cosas que ella no quería hacer. Cuando ella decía que no, él se molestaba y le decía que si realmente lo quería debía demostrarlo.

Valeria comenzó a sentirse confundida. Pensaba que tal vez estaba haciendo algo mal, pero en el fondo sabía que algo no estaba bien. Una tarde habló con una profesora de su confianza, esta le explicó que en una relación sana siempre debe existir respeto. También le dijo que nadie puede obligar, presionar, manipular o amenazar a otra persona para realizar actividades que no desea. Cuando una persona no respeta los límites de otra, puede estar ejerciendo violencia.

Valeria sintió alivio al comprender que tenía derecho a decir "no" y que sus sentimientos eran importantes. La profesora también le recordó que no estaba sola y que existen redes de apoyo para ayudar a niñas, niños y adolescentes.

Esa misma semana, Valeria habló con su mamá y con la orientadora escolar. Juntas buscaron apoyo y orientación. Además, conoció la Línea 141 del Bienestar Familiar, un servicio gratuito donde niñas, niños, adolescentes y adultos pueden recibir orientación y reportar situaciones que afecten los derechos de la niñez.

Con el apoyo de su familia, la escuela y otras personas de confianza, Valeria tomó decisiones para protegerse. Poco a poco recuperó su tranquilidad y aprendió algo muy importante: una relación debe hacerte sentir respetada, segura y valorada.

Desde entonces, Valeria también compartió este mensaje con otras adolescentes: pedir ayuda es una muestra de valentía y nunca debemos guardar silencio cuando algo nos hace sentir incómodas, inseguras o en riesgo.