Llegar a un lugar nuevo nunca será fácil. Cambiar de casa, de barrio, de escuela e incluso de amistades puede dar miedo, tristeza o mucha incertidumbre. Pero también, puede ser el comienzo de nuevas oportunidades, aprendizajes y sueños.
En Colombia, miles de niñas, niños y adolescentes han vivido la experiencia de migrar. Algunos vienen de otros países, otros se han movido dentro del mismo país. Todos tienen algo en común: están construyendo una nueva historia.
¡Sentir muchas cosas a la vez es parte del viaje!
¿Qué se siente? Es normal sentir muchas emociones al mismo tiempo. Alegría por conocer algo nuevo, nostalgia por lo que se dejó atrás. A veces pueden aparecer preguntas como: ¿haré amigos?, ¿me entenderán?, ¿seré bien recibido?
¡Nadie camina solo cuando encuentra una comunidad que cuida!
En Colombia existen personas, colegios, entidades como Bienestar Familiar y diversas organizaciones que trabajan para que cada niña, niño y adolescente se sienta bienvenida y bienvenido.
Tener un lugar seguro donde estudiar, jugar y expresarse es un derecho, sin importar de dónde vengas. Igualmente, es un derecho sentirse seguro y protegido. Si algo te hace sentir incomodidad o inseguridad, tienes derecho a buscar apoyo de un adulto que te escuche y te cuide.
¡La escuela es un territorio para crecer, imaginar y encontrarse!
El colegio es mucho más que aprender materias. Es el espacio donde se hacen amistades, se comparten historias y se construyen sueños. Cada acento, cada cultura y cada experiencia suma y nos enriquece a todas y todos.
¡La diversidad es una fortaleza!
Ser diferente no es un problema y tampoco está mal, es una riqueza. Las tradiciones, comidas, palabras y costumbres de cada persona hacen que el mundo sea más interesante y lleno de colores.
Si eres niña, niño o adolescente migrante: tu historia vale, tu voz importa y tus sueños son posibles. Tienes derecho a expresarte y a que se escuche tu voz.
Y si eres adulto: escuchar, acompañar y respetar hace una diferencia enorme en la vida de quienes están empezando de nuevo.
Porque al final, más allá de cualquier frontera, todos compartimos un deseo profundo: crecer en un lugar donde podamos ser quienes somos, sentirnos felices, seguros, queridos y construir sueños que nos hagan brillar.