Por: Andrea Caterine Solórzano Castillo
A mi pueblo llegan hombres con barba y otros sin un solo pelo. Llegan altos y bajos, algunos con rumores y otros en silencio. Cuando aparecieron pensé que eran buenos vecinos; saludaban en la tienda de Don Romualdo e incluso ayudaban a mi abuelita a cargar el mercado. Hasta que un día terminé aquí, con ellos, en una finca vieja, de olores desagradables y objetos que suenan como el fin del mundo. Debí sospechar del interés repentino. Me trajeron izque pa’ cocinar, porque en eso somos buenas las niñas de la vereda, ¿ah?, como si las niñas no supiéramos contar historias o soñar con algo más grande que una olla pela’. Finalmente me obligaron a cocinar pa’ un mundo de gente, o como diría mi mamá: “para un batallón entero”. Me ardían las manos de pelar tanta papa.
A uno de esos hombres le decían: “mi comandante”, él fue el que me trajo hasta acá. Cuando hablaba, los demás se paraban derechitos, derechitos, como si tuvieran un problema –grave- en la espalda. Después, les daba una especie de gangrena en el brazo, lo dejaban derechito, derechito al lado de la cabeza. Sé que se preguntan cómo me trajo, bueno, mi comandante decía que me amaba, que no había en el mundo otra niña como yo, me hablaba así todo el tiempo. Al final, logró que me enamorara, ¿y cómo no? si mi familia nunca me dijo ni un pedacito de ese toitico de cosas tan bonitas que me decía mi comandante. Pero saben qué, resulto siendo puro cuento de ese muérgano, lo escuché diciéndole a uno de esos que tienen problemas en la espalda, que “las niñas somos menos resabiadas”, ósea, que somos buenas para seguir ordenes, ¿ah?, como si las niñas no pudiéramos dar orden en los eventos de gran magnitud de nuestra crucial vereda Santa Teresita. Yo también me daba cuenta; nos usaban en las rutas porque les generábamos menos sospechas a esos otros muchachos uniformados, creo que les dicen Ejército, o algo así.
A veces me dejaban jugar con los objetos que suenan raro, los llaman: M-14. Yo pensaba que no sabían hablar ¿cómo así que una letra y un número juntos? Esos hombres de seguro no habían ido a la clase de español de la profe Maritza en nuestra escuelita El Encanto. En fin, yo no sabía que eran y lo que hacían esos “juguetes” hasta que me pidieron hacer una ronda con María, mi gallinita; aplaudieron cuando ya no cacareaba. ¿Qué si me asusté? Pues claro que me asusté, y fue ese el menor de mis problemas, cometí el error más grave de la guerra: llorar la muerte, la de mi gallinita María. De castigo, mi comandante me encerró en una celda sucia y estrecha todo el mes, a veces iban otros hombres y los metían conmigo en la celda, mi comandante los enviaba –izque pa’ revisa’ como estaba-. En ese cuartucho de mala muerte aprendí a defenderme, nadie me tocó ni una pestaña, así que les advierto, no me busquen naa’ de pelea.
Las malas lenguas –las señoras de la Finca El Trébol de más arriba- cuentan que aún se acechan los corazones de las niñas, unos encorbatados dijeron hoy por televisión que se trata de “un patrón macrocriminal de los grupos paramilitares”, no sé qué significan esas palabras tan enredadas, pero sé que vienen con la disculpa de enamorarnos. Por eso, si a mi pueblo llegan hombres de botas y promesas de aire: no me voy con ninguno, porque mi camino no tiene dueño. Si a mi pueblo llegan esos hombres con secretos por guardar, ¡que se busquen cajones donde meterlos!, haremos pública la palabra –y no por chismosas, como las lenguas de la Finca El Trébol-, sino porque la dignidad no tiene naita que esconder. Y si a mi pueblo llegan hombres con la excusa del amor, les diré que yo ya lo conozco de mis amigos, -ja-, así que no necesito a nadie que me lo venga a presentar. Así, si a mi pueblo llegan hombres disfrazados de familia, debo gritar que hay unos suplantadores de los afectos de mi hogar.
#VocesQuePrevienen
Elaborado por Andrea Caterine Solórzano Castillo. Referente Técnico de Política Pública y Análisis Territorial. Subdirección de Prevención de Vulneraciones a Niños, Niñas y Adolescentes. Dirección de Infancias y Adolescencias. ICBF