Los idiomas que habla la calle

Los idiomas que habla la calle

Karen Cristina Martínez Sierra

¿Alguna vez has pensado que la calle tiene su propio idioma?

No hablamos del español, del inglés o de cualquier otra lengua que se aprende en la escuela. Hablamos de esos lenguajes que no tienen reglas de gramática, ni tampoco exámenes ni tareas. Hoy quiero contarte sobre esos idiomas que se aprenden viviendo, sintiendo y enfrentando situaciones que muchas veces son difíciles de explicar únicamente con palabras

Por ejemplo, en la calle hay un idioma que se llama supervivencia.

En ese idioma, permanecer despierto puede significar cuidarse. Desconfiar puede significar protegerse. Alejarse de ciertos lugares o personas puede significar mantenerse a salvo. Son aprendizajes que nadie debería tener que desarrollar tan temprano, pero que muchas niñas, niños y adolescentes conocen porque han tenido que enfrentarse a situaciones difíciles.

También existe el idioma de las ausencias.

Y es importante saber algo: muchas veces, la alta permanecía en calle no comienza cuando alguien sale de la casa. A veces empieza mucho antes. Comienza cuando una persona siente que nadie la escucha. Cuando sus emociones no encuentran un lugar seguro para ser expresadas. Cuando las discusiones, las violencias o la falta de oportunidades hacen que poco a poco se pierda la certeza de pertenecer a algún lugar.

Pero la calle también habla otro idioma: el idioma de la pertenencia.

Todos los seres humanos necesitamos sentir que hacemos parte de algo. Necesitamos personas que nos reconozcan, que nos llamen por nuestro nombre y que nos hagan sentir valorados y crean en nosotros. La necesidad de pertenecer no es un error, es una necesidad humana. Y cuando no encontramos ese lugar en la familia, en la escuela o en la comunidad, quizás podemos terminar buscándolo en otros espacios.  

Existe un idioma que casi nunca aparece en los diccionarios: el idioma del cuerpo.

Porque los cuerpos también hablan. Hablan de maneras que no siempre tienen palabras. Por ejemplo, cuando el cuerpo está cansado, nos está diciendo que necesita una pausa. Cuando siente miedo, quizás necesite escucha y compañía. Cuando aparece la rabia, muchas veces está tratando de expresar algo que duele. Y cuando llega la tristeza, quizás está pidiendo cuidado y comprensión. Por eso, antes de juzgar una actitud o una reacción, vale la pena preguntarnos: ¿qué estará tratando de decir ese cuerpo? A veces, detrás de una actitud difícil, existe una historia difícil, por eso es tan importante mirar más allá de las apariencias.

Hay un idioma que puede trasformar: la esperanza.

Está presente cuando una niña, niño o adolescente sueña con terminar sus estudios. Cuando descubres que tienes talento para la música, el deporte, el arte o la tecnología. Cuando encuentras una persona que te dice: "Yo creo en ti". La esperanza puede ser pequeña, pero tiene una fuerza enorme.

Nuestro mensaje hoy reconoce que prevenir significa escuchar antes de que alguien se sienta solo. Significa acompañar antes de que aparezcan mayores riesgos. Significa construir relaciones de confianza, fortalecer los vínculos familiares y comunitarios, y crear espacios donde cada niña, niño y adolescente pueda sentirse seguro, valorado y protegido.  

Recuerda: usa la línea 141 cuando necesites ser escuchado. ¡No estás sola o solo!