Por: Dayan Estefany Camargo García
“¿Puedes creer que mi papá no llegó hoy a la entrega de boletines? ¿Crees que me dio alguna explicación? Simplemente llegó furioso, cuando ya se había ido todo el mundo, a decirme «Camine a ver», y eso fue todo.
Ni me desgasté diciéndole lo molesta que estaba. ¿Para qué? Ya sé que lo que yo sienta lo tiene sin cuidado. ¿Acaso pensó que me había preocupado? ¿Se acordó de que la directora de grupo solo atiende a quienes están con su acudiente? ¿Le importó que tuviese hambre?
¿Se interesó por mis resultados? ¡Nada de eso! La verdad, me gustaría ser su celular. De ese sí se mantiene pendiente. La otra vez lo olvidó al salir de la casa y se dio cuenta cuando ya iba en el bus; pero se devolvió inmediatamente, aunque eso le implicó gastar pasaje y llegar tarde al trabajo. Lo cuida más que a nada en el mundo”1.
La historia de Mercedes puede ser la historia de muchas niñas, niños y adolescentes y es que, aunque parece que lo que le sucedió no es una acción directa de violencia, si es una situación en la que puede haber descuido y sobre todo falta de interés.
Con frecuencia los adultos relacionamos la responsabilidad del cuidado con el control más que con el acompañamiento, la escucha y la participación en asuntos cotidianos; debemos asegurarnos de dar un lugar de atención sobre las situaciones que en su día a día resultan importantes: la escuela, su deporte favorito, sus amistades, música, colores, programas de televisión, entre otros intereses que pueden irse transformando a medida que crecen.
Si bien los resultados positivos en la escuela pueden ser un propósito del ejercicio de disciplina y proceso de crianza, no podemos olvidar que el bienestar de niñas, niños y adolescentes trasciende las calificaciones, o la satisfacción de las necesidades básicas de subsistencia.
Acompañar a niñas, niños y adolescentes desde el amor y la atención también es garantizar sus derechos.
Cuando la falta de interés se vuelve constante, niñas, niños y adolescentes pueden comenzar a interpretar que sus pensamientos, emociones y experiencias no son importantes para quienes deberían protegerles. No preguntar cómo les fue, no escuchar aquello que desean compartir o minimizar aquello que les preocupa puede transformarse, poco a poco, en una forma de violencia psicológica que afecta su autoestima, la confianza en sí mismos y la manera en que construyen sus relaciones con otras personas.
Algunos impactos negativos en la salud emocional a corto y mediano plazo, en niñas, niños y adolescentes –como Mercedes-, pueden estar relacionados con la ausencia de un vínculo emocional permanente, por esto hay que buscar estrategias para fortalecer la conexión y hacerles protagonistas de sus propias historias: no olvidemos que los adultos podemos aprender de ellos y ellas, tanto como ellos y ellas aprenden de nosotros y de nuestro ejemplo.