Por: Carla Cortés Sanchez
Línea técnica indígena - Políticas Públicas
Había una vez un niño llamado Manuel que le encantaba jugar en el jardín de su casa. Un día, mientras corría entre las plantas, sintió un pequeño dolor en el brazo y fue donde su abuela a contarle. La abuela sonrió, tomó unas hojas verdes y dijo: “No te preocupes, la naturaleza tiene sus propios remedios”. Entonces preparó una mezcla suave con plantas y se la puso en el brazo.
Manuel, curioso, preguntó cómo era posible que esas hojas pudieran curar, y su abuela le explicó que los pueblos indígenas de Colombia llevan muchos años aprendiendo de la Tierra, porque saben que ella es como una gran mamá que cuida a todos.
Mientras escuchaba, Manuel imaginó un bosque lleno de plantas mágicas. Su abuela le contó que en las comunidades indígenas hay personas muy sabias, como chamanes, sabedoras o médicos tradicionales, que conocen los secretos de la naturaleza. Ellas y ellos no solo usan plantas, también cantan y realizan rituales para ayudar a que las personas se sientan mejor por dentro y por fuera.
Manuel entendió entonces que para estar bien no solo hay que cuidar el cuerpo, sino también el corazón y la forma en la que tratamos a la naturaleza. Desde ese día, cada vez que veía una planta, la miraba con cariño, recordando que, si cuidamos la Tierra, ella también cuida de nosotros.