Por: Fabian Bolaños
L - Prevención de trata de personas y ESCNNA
En un bosque lleno de colores vivía Lila, una pequeña colibrí curiosa que siempre quería conocer nuevos lugares. Le encantaba escuchar historias de otros animales que viajaban por ríos, montañas y caminos lejanos.
Un día, llegó al bosque un loro elegante que hablaba muy bonito. Decía que conocía un jardín secreto donde las flores nunca se marchitaban y donde todas las aves podían descansar sin preocupaciones.
—“Allá no hay reglas ni peligros, solo alegría”, repetía el loro una y otra vez.
Lila se emocionó. Pensó en volar sola hasta ese lugar. Pero antes de irse, fue a ver a Tico, el viejo búho del bosque, que siempre escuchaba con atención.
Tico la miró con calma y le preguntó:
—¿Quién te habló de ese lugar?
—Un loro que vino de lejos —respondió Lila.
El búho guardó silencio por un momento y luego dijo:
—Cuando alguien promete cosas demasiado perfectas y te pide irte sin contarle a nadie, es importante detenerse y pensar. En el bosque, nadie debería pedirte que te alejes de quienes te cuidan.
Lila se quedó pensativa. Recordó a su familia, sus amigos y su nido seguro. Algo dentro de ella le dijo que debía preguntar más, no irse rápido.
Al día siguiente, el loro volvió a buscarla con prisa:
—Vamos ahora, nadie tiene que saberlo —insistió.
Pero Lila, con voz tranquila, respondió:
—No iré sola. Primero quiero ir con el búho y mi familia.
El loro se molestó y se fue sin decir más.
Tico sonrió y le dijo a Lila:
—Escuchar tus dudas, pedir ayuda y no irte sola es una forma de cuidarte.
Desde ese día, Lila siguió viajando, pero siempre acompañada, preguntando, compartiendo y cuidando a otros colibríes pequeños que también soñaban con volar lejos.
Y en el bosque se empezó a repetir una frase:
“Viajar sí, confiar sí… pero siempre con cuidado y en compañía de quienes te protegen”.