El Brillo que Enceguece

El Brillo que Enceguece

Un cuento sobre el verdadero éxito

Cuento elaborado por la Cesar Traslaviña

I - Lo que todos querían ver

El día que Camilo llegó al barrio con una moto nueva, el ruido del motor se escuchó antes que él. Era una tarde caliente en Puerto Esperanza, un pueblo donde las calles de tierra se llenaban de polvo en verano y de barro en invierno, y donde los sueños de los jóvenes a veces parecían tan lejanos como las ciudades que se veían por televisión.

Camilo tenía dieciséis años. Usaba tenis que nadie más en el barrio podía pagar, un reloj que brillaba al sol y siempre tenía el bolsillo lleno. Cuando se paraba en la esquina, los más pequeños lo miraban con admiración. Algunos querían ser como él.

Entre esos que miraban estaba Juliana, de catorce años, y su primo Sebastián, de trece. Los dos vivían con su abuela, doña Rosa, en una casa pequeña pero limpia, donde nunca faltaba el almuerzo, aunque a veces fuera poco. Los dos iban al colegio, pero Sebastián había faltado varias veces ese mes porque le daba vergüenza ir con los zapatos rotos.

—Sebastián: ¿Tú sabes cómo consiguió todo eso Camilo? Dicen que trabaja con unos manes que pagan bien...

—Juliana: Doña Rosa dice que ese trabajo no es trabajo. Que lo que brilla así de fácil, quema.

II - La oferta

Unos días después, un hombre que todos llamaban «El Primo», aunque nadie sabía de quién era primo, se acercó a Sebastián en la cancha. Llegó con palabras suaves, casi amables.

—El Primo: Oye, muchacho, ¿tú no estás cansado de cargar esa mochila vieja? Hay una forma de ganar bien, sin estudiar tanto, sin esperar años. Solo hay que hacer unos mandados. Nada complicado. Camilo empezó igual.

Sebastián sintió algo raro en el estómago. Una mezcla entre emoción y miedo, como cuando uno se asoma al borde de un río profundo. Esa noche le contó a Juliana. Ella lo escuchó en silencio y luego dijo algo que Sebastián no olvidaría:

—Juliana: ¿Tú sabes por qué Camilo nunca ríe? Yo lo miro mucho. Tiene de todo, pero siempre está mirando para los lados, como si esperara que algo malo fuera a pasar. Eso no se llama vivir bien. Eso se llama tener miedo todo el tiempo.

III - Lo que nadie cuenta

Al cabo de unas semanas, la moto de Camilo estaba parqueada frente a la tienda, pero Camilo no estaba. Nadie supo bien qué pasó. Unos decían que se lo habían llevado. Otros, que había huido. Su mamá lloraba en la puerta de la casa.

Y entonces Sebastián entendió algo que no estaba en el brillo del reloj ni en el rugido de la moto: que esos objetos no eran una llegada, sino una trampa. Que detrás de cada «mandado fácil» había una deuda que nunca se terminaba de pagar, y que esa deuda no se pagaba con plata.

“El verdadero peligro no es el que amenaza. Es el que primero te regala algo.”

Los grupos armados saben que un par de tenis nuevos puede parecer más real que una promesa de futuro. Saben que cuando hay hambre, cuando hay vergüenza, cuando no hay oportunidades, un billete en la mano pesa más que un sueño. Por eso ofrecen primero, y cobran después. Y lo que cobran no tiene precio: la libertad, la tranquilidad, la posibilidad de elegir.

IV - Otros caminos, otros brillos

Juliana, mientras tanto, había hablado con la profesora Amparo, quien la apoyó para inscribirse en un programa de liderazgo juvenil en la alcaldía. Sebastián, con los zapatos reparados por doña Rosa y un poco de vergüenza menos, volvió al colegio. Tardó un tiempo en ponerse al día, pero lo hizo.

Un año después, Sebastián ganó un reconocimiento en la feria de ciencias del municipio. No era una moto. No era un celular de última generación. Era un diploma que cabía en la mano, pero que abría puertas que el dinero fácil jamás podría tocar: una beca para estudiar en la capital, la mirada orgullosa de doña Rosa, y la sensación —esa sí— de poder caminar sin mirar para los lados.

—Sebastián: Profe, a veces todavía siento envidia cuando veo a alguien con cosas que yo no tengo. Pero luego pienso: ¿esa persona puede dormir tranquila? ¿Puede caminar libre? ¿Puede soñar sin miedo? Porque eso es lo que yo quiero tener.

Para pensar juntos

El éxito no es lo que se ve. Es lo que se siente por dentro cuando nadie está mirando. Es poder abrazar a quien amamos sin miedo. Es poder equivocarse y volver a empezar. Es tener dignidad, libertad y un futuro que nos pertenece.

Los grupos armados mienten cuando dicen que ofrecen oportunidades. Lo que ofrecen es una jaula con brillo. Y una vez que entras, la puerta se cierra.

Si alguien te ofrece dinero fácil, ropa, motos, poder o reconocimiento a cambio de «pequeños favores», recuerda a Camilo. Y recuerda que hay personas e instituciones que pueden ayudarte a construir un camino propio: el Bienestar Familiar, tus maestros, tu familia, tu comunidad.

“No dejes que te compren el futuro. Vale más de lo que cualquier grupo armado puede pagar.”

 

Material pedagógico de uso libre para espacios educativos, familiares y comunitarios.

Instituto Colombiano de Bienestar Familiar · Línea gratuita: 01 8000 918080