Por: Ricardo Antonio Soto Galindo
Línea Técnica Enfoque Migrante
Lucía tenía 10 años y había llegado hacía poco tiempo a un nuevo barrio junto a su mamá y su hermanito. Habían migrado, desde otro país, buscando un lugar más tranquilo y oportunidades para empezar de nuevo. Aunque el barrio tenía personas amables y niños con quienes jugar, también había lugares y situaciones que podían ser peligrosas.
La mamá de Lucía siempre le decía:
—Hija, recuerda no hablar con extraños y nunca aceptar regalos de personas que no conocemos.
Algunas vecinas comentaban que cerca de la cuadra se había mudado un señor extraño. Decían que a veces ofrecía dulces y chocolates a niñas y niños para que se dejaran tomar fotos. Por eso, muchas familias estaban alertas y cuidaban mucho a sus hijos.
Un día, al salir del colegio, Lucía caminaba sola hacia su casa. Llevaba su maleta en la espalda y pensaba en las tareas que tenía que hacer. De repente, una moto se detuvo a su lado.
Era el señor del que hablaban en el barrio.
—Hola, niña —dijo sonriendo—. Súbete a la moto y te regalo muchos dulces y chocolates.
Lucía sintió miedo. Recordó inmediatamente las recomendaciones de su mamá y de las personas del barrio. También recordó que en el colegio les habían enseñado que ningún adulto desconocido debía pedirles secretos, fotos, favores o invitarlos a subir a vehículos.
Sin pensarlo dos veces, Lucía salió corriendo de regreso al colegio.
Entró rápidamente y buscó a una profesora.
—¡Profe! ¡Profe! ¡Un señor en una moto me dijo que me subiera y me ofreció dulces! —dijo muy asustada.
La profesora la escuchó con atención y le respondió con calma:
—Lucía, hiciste muy bien en no aceptar y en buscar ayuda de inmediato. Nunca debes subirte a la moto de un extraño ni aceptar regalos o dulces de personas desconocidas.
Después de tranquilizarla, la profesora avisó inmediatamente a los padres de Lucía y a las directivas del colegio. Gracias a la información que Lucía recordó y contó, los adultos pudieron estar atentos para proteger a otros niños y niñas.
Días después, el colegio organizó una reunión con todas las familias. Allí hablaron sobre cómo cuidar a niñas, niños y adolescentes, especialmente cuando viven situaciones difíciles o en lugares donde existen riesgos.
Durante la actividad, compartieron algunas recomendaciones importantes como:
No aceptar regalos, dulces o dinero de desconocidos.
No subir a carros, motos o bicicletas de personas extrañas.
Contar siempre a un adulto de confianza cualquier situación que genere miedo o incomodidad.
Caminar acompañados cuando sea posible.
Pedir ayuda rápidamente si alguien intenta acercarse de manera sospechosa.
Al final de la reunión, la profesora dijo:
—Hablar y pedir ayuda puede protegernos a nosotros y también a otros niños y niñas.
Lucía se sintió orgullosa. Entendió que escuchar las recomendaciones, cuidar de sí misma y contar lo sucedido había sido muy importante.
Y desde ese día, en el barrio todos decían:
—¡De la que se salvó Lucía!