Por: Dayan Estefany Camargo García
Línea técnica: Prevención de violencia intrafamiliar
Durante muchos años, frases como “a mí me dieron duro y no me pasó nada”, “los hijos se corrigen con correa”, o “mi psicólogo fue la chancla” han hecho que diferentes formas de violencia en la crianza parezcan normales. Sin embargo, hoy sabemos que el castigo físico, los gritos, las humillaciones y las amenazas no educan: generan miedo, tristeza y afectan el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes.
¿Sabías que, en Colombia la Ley 2089 de 2021 prohíbe el castigo físico y los tratos crueles, humillantes o degradantes, y promueve una crianza basada en el respeto, el diálogo y el cuidado?
El uso de la violencia en la crianza no siempre deja marcas visibles, no siempre se manifiesta a través del castigo físico, a veces se manifiesta a través de palabras hirientes, silencios que cuestionan, indiferencia que lastima, amenazas o burlas que afectan la dignidad de niñas, niños y adolescentes.
Algunas señales de alerta pueden ser el miedo constante, el retraimiento, expresiones como “no quiero volver a casa”, o el rechazo al contacto emocional con las personas cuidadoras. Estas prácticas pueden deteriorar la autoestima, dificultar la confianza y normalizar el uso de la violencia como una forma válida de resolver conflictos.
Muchas madres, padres y cuidadores recurren al castigo porque así fueron criados o porque el cansancio, el estrés y las preocupaciones los desbordan. Pero criar sin violencia no significa dejar de poner límites. Significa enseñar con empatía, acompañar las emociones y construir acuerdos claros y respetuosos.
¿Qué alternativas existen para criar y educar sin violencia?
- Escuchar antes de reaccionar: indagar y entender qué sienten o necesitan las niñas, niños y adolescentes.
- Hacer acuerdos familiares: construir normas claras y dialogadas.
- Reconocer lo positivo: valorar los esfuerzos y comportamientos adecuados, fortalece la confianza.
- Dar tiempo para calmarse: tanto adultos como niñas y niños necesitan momentos para regular emociones.
- Permitir consecuencias naturales: aprender de los errores sin causar daño físico o emocional.
La crianza respetuosa también implica reconocer que las niñas, niños y adolescentes tienen voz. Preguntarles cómo se sienten, qué piensan y cómo creen que pueden resolverse los conflictos fortalece su participación y les enseña habilidades para la vida.
La crianza es una tarea compartida
Ninguna familia debería sentirse sola en el cuidado y la crianza. Hablar con otras personas cuidadoras, pedir apoyo cuando el estrés supera los límites y participar en espacios comunitarios o escolares puede ayudar a encontrar nuevas herramientas para educar desde el respeto.
Las escuelas, comunidades e instituciones también tienen un papel importante. Promover espacios de diálogo, acuerdos de convivencia y actividades sobre manejo de emociones ayuda a construir entornos protectores para la niñez y la adolescencia.
Tres pasos para transformar la crianza
- Conectemos. Antes de reaccionar, reconozcamos nuestras emociones y las de niñas, niños y adolescentes.
- Compartamos. Hablemos en familia sobre lo que sentimos y sobre el propósito de las normas.
- Construyamos. Busquemos juntos formas respetuosas y amorosas de resolver conflictos.
Criar y educar sin violencia, construye paz
El cuidado, la escucha y el acompañamiento permanente ayudan a construir relaciones más sanas, seguras y respetuosas para todas las personas en el hogar.
Te invitamos a conocer la herramienta pedagógica ¡A Que Te Cuido! para la transformación de las prácticas de castigo físico, tratos crueles, humillantes y degradantes: https://www.unicef.org/colombia/documents/a-que-te-cuido